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jueves, octubre 06, 2011

Nunca fuimos a la Antártica

Camilo apunta la vista por encima de sus anteojos negros mientras Ilyah, sostiene su cámara fotográfica. Se alista para tomarle la foto número 100 mil. El café se enfría en sus tazas y un ambiente de octubre se desliza por las ventanas. Si dios existiera, esa agua que comienza a caer sería bendita y acabaría de una vez con el presente y tal vez, la Plaza 11 de julio se podría terminar para festejar ahí los 100 años de independencia de la Suprarepública de California.

No vas a guardar la despedida, esa me la llevo yo”. Dijo con algo de enfado. Ilyah, con su sonrisa de adolescente eterna, tapa el obturador e ignora el lluvioso atardecer. Toma la taza amarilla entre sus manos pálidas, “abrazar pequeñas cosas es lo único que me queda” afirma mientras da un sorbo desganado a su café.

Ambos fijan su vista a los cigarros Camel blancos que descansan en la mesa de cuadros ajedrezada. Luego vuelven a sus ojos.

Camilo no fuma porque eso hacen todos en las despedidas. Ilyah, en cambio, hace una pregunta que en la literatura se conoce como neoclásica. ¿Volerás?

Camilo no puede evitar contestar algo tan estrechamente relacionado con su historia.

Una que inicia con ellos dos en el vientre materno, cuando su madre y su padre universitarios, marchaban por las calles gritando “separación o muerte”. Con la foto de los Magón en estandartes y pancartas.

Había una gran posibilidad de no regresar. él sabía que tal vez, los Sincorazón idealizados en novelas para adolescentes pubertos podrían evitar su regreso. Tijuana era tranquila porque el jefe de Lasbestias había nacido en Playas de Tijuana y sentía respeto por sus habitantes, luego hizo un pacto de no violencia que se se conoce como el tratado Guzmán-Arriaga, pero sus enemigos los llamados Zetas, los Chupasangre, que alguna vez, habían impedido a los gringos invadir México, ahora reclamaban su parte. La justa por por evitar la anexión. Luego la Baja se separó y el mundo también, solo había supraviventes y vampiros.

Camilo es General de los supravivientes. Mira primero sus manos, tan justas, las evita, voltea a la derecha y su vista choca con la ventana. El desfile de la ventana, el desfile, la ventana y la fila de refugiados, hombres, mujeres y niños desnudos esperando ser revisados por los médicos de la suprarepública, meticulosos a cualquier tipo de mordida que pudieran introducir a esos Sincoirazón dento del territorio. Un vendedor de helados señala el cielo. Es hora, la noche apabulla. Los sonidos guturales que buscan sangre.

Ilyah sabe que hay una posibilidad de que jamás tome la foto 100 mil.

Camilo ajusta sus estacas a la cintura, sus botas lustrosas apuntan a la puerta, mientras intenta no sentir, Ilyah lo detiene del brazo, se acerca al oído y susurra “Por qué nunca fuimos a la Antártica”, mientras intenta morderle el cuello, Camilo le encaja a su hermana una estaca en el Corazón. Levanta la vista y puede leer un letrero en la puerta del café que dice: “Limpio de Vampiros desde el 2011”. no llora, tantos años de guerra lo han vuelto filial al Partido Estoico.

Los muertos que vuelan son bombardeados por el ejercito de la Suprartepública, nuestros aliados Lasbestias queman con sus armas ultravioleta a los que intentan aterrizar.

Camilo ve todo esto por la ventana, vuelve la vista a Ilyah y acepta su destino. No puede evitar pensar, qué le dirá a su Mamá.

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