La puerta de entrada semiabierta, jamás se cerciora de cerrarla, es hora de su caminata por la playa con Tetris y Yeyé, aun viviendo cerca del mar, nos queda lejos...
La pequeña lámpara blanca, alumbra los papeles ordenados por tamaño en la mesa del desayunador, no hace mucho estuvo sentado revisándolos. Es un metódico de las cosas bien.
El pasillo oscuro. Abro la puerta de la recamara que libera su aroma, salió afeitado, se puso la colonia que me gusta.
Lo espero sentada a la orilla de la cama. Libero mi cabello, a la jefe de diseño corporativo de Cuantium Publicidad, vuelvo a Silvia, la de ojos verdes que tuvo un pasado punk rock . Ordeno el discurso y el mejor “Perdóname”.(con sollozo si es necesario).
La luz de los faroles de su auto chocan en la venta y rebotan en mi angustia. Los perros ladran la llegada a casa, entran corriendo a moverme la cola. Les devuelvo el gesto con poco animo. Soy mujer de gatos.
No debí engañarlo con ese chico casi extraterrestre de ojos grandes y mala postura.
Sus pasos de aproximan, mi corazón marcan el ritmo...
¿Qué haces a oscuras?, pregunta, mientras enciende los 60 watts de mi confesión. Esperarte, contesto.
La sola idea de verlo sufrir me acobarda y mejor no digo nada. Me recuesto y miento.
Me duele la cabeza, ya sabes como me pongo. Busca mis ojos pero no los encuentra, los cierro, los aprieto, quizá así desaparezca todo. No me cree y sale. El cuarto vuelve a negro, alumbrado de vez en vez por los autos que pasan por la avenida principal.
Mi respiración en pretérito, ligada al cuerpo delgado del chico extraterrestre, lo blanco de su piel; la seducción, el momento de rozarle el brazo con mis senos, obligarlo a trabajar tarde para quedarnos solos. Desvestirlo, manipulado admirando mi cuerpo de 37 desnudo, luego, el sexo párvulo en el cuarto de limpieza, sin condón porque me reusé a usar uno. Quizá por el cansancio de mi vida plastificada mastercard y visa. De éste medio día en un Motel cerca de su universidad y en presente, mi retraso de dos semanas y la posibilidad de que mi matrimonio se vaya a la mierda.
Escucho su indie, su tecleo constante, puedo adivinar su postura, sentado, en la silla de escritorio que tardó casi seis meses en elegir del catálogo de IKEA. Ligeramente de lado, con los muslos juntos cruzado de piernas, sin ignorar la pantalla de la Mac que calza perfecto en la mesa-desayunador que utiliza también para trabajar y que va con su 1:90 de estatura y sus 39 años. De madera con patas de acero inoxidable, delgadas, con espacio plegable extra por si hay más invitados a la mesa. Perfecta para el resto de los muebles del mismo color y diseño. La decoración de nuestra sala-comedor, es la página 270 del catálogo de esa mueblería sueca.
No quiero salir de la recamara, pero lo hago para tomar un vaso con agua. el callar también seca la garganta. En la pequeña cocina que no encaja con el resto de la casa, finjo lo cotidiano. ¿En qué piensas? pregunta Osvaldo. En muchas cosas Os, no tendrías tiempo de escucharlas. ¡Pruébame! Lo ignoro y subo los platos secos, del escurridor a la alacena.
Sivis, te noto rara, ¿Quieres hablar? No, me sigue el dolor de cabeza. Le doy un beso en la mejilla mientras le sonrío y camino, me hundo en el pasillo de poca luz. Conecta sus audífonos, mientras me ve desaparecer.
En la cama, mi móvil avisa que tengo un mensaje del chico extraterrestre. "no puedo esperar a mañana :-* ." "Ni yo, hay algo que debo decirte :-S."
0 comentarios:
Publicar un comentario